Un códex es un libro de representaciones nunca antes vistas que provienen de mundos ajenos a la experiencia común. Es así que desata la tentación de entrar en él para acceder a un conocimiento oculto.
El autor de un códex se dedica a generar una gran multiplicidad de formas que son las representaciones que constituyen el cuerpo del volumen. La fascinación que ejerce sobre quien pasa sus hojas radica tanto en la capacidad de sorprender por la visión autoral, como en la sensación de perder de vista toda noción de autoría bajo el asombro que despierta lo que presenta a los ojos.
La razón de ser de un códex es su realización para registrar lo observado presencialmente, como trama fidedigna de lo vivido, y por ello además de recoger representaciones visuales, recoge anotaciones de puño y letra que pretenden dar cuenta de todas las observaciones plasmadas visualmente. Las palabras son muy aproximativas, y hasta especulativas, pues muchas veces el autor no posee certeza, aunque pueda estar convencido de la existencia del mundo con el que por un breve lapso ha tenido contacto.
Este CÓDEX no tiene explicaciones. Jason Sullivan prescinde de las palabras mas no de la extrañeza que subyace a su atención al mundo que configura en sus imágenes. En estos instantes observados y plasmados a través de los años entra y sale de la seguridad de lo cotidiano para revelar los intersticios de lo real que escapan al individuo que busca compaginar el calendario y los horarios en la construcción de una rutina.
Sullivan enfrenta lo desconocido con precisión, con el deseo de contarlo todo. En el proceso constata que apenas si conoce lo que ha descubierto, lo que instala el desconcierto aunque es radiante. Tenso e incómodo, lo que este autor recoge de sus frecuentaciones impregna a su fotografía con lo oscuro de angustias y soledades, linderos de lo humano ante dios desconocido.
Jorge Villacorta Chávez
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